El proyecto de reforma al mercado de capitales presentado en septiembre vuelve a poner sobre la mesa una discusión relevante para las empresas: cómo ampliar las fuentes de financiamiento y construir un mercado capaz de conectar capital y empresas de manera más eficiente.
Durante años, la banca ha ocupado un lugar central en el financiamiento empresarial en Chile. Sin embargo, hoy el escenario es bastante más amplio. Empresas de distintos tamaños pueden combinar crédito bancario, factoring, leasing, fondos de inversión, emisiones de deuda y nuevas soluciones financieras según sus necesidades, tamaño y etapa de desarrollo.
La reforma presentada por el Ejecutivo se inserta precisamente dentro de esa transformación.
El proyecto contempla más de 30 medidas estructuradas en cuatro grandes ejes: acceso a la vivienda y fomento del ahorro; mayor acceso a capital para empresas de distintos tamaños; actualización de normas y procesos del mercado; y condiciones para fortalecer a Chile como centro financiero regional.
La vivienda ocupa un lugar relevante dentro de la iniciativa, pero el alcance del proyecto es más amplio. Uno de sus ejes está dedicado específicamente a generar nuevas alternativas de acceso a capital para las empresas.
¿Cómo lograr que una empresa pueda acceder al tipo de financiamiento adecuado para cada necesidad, con menos fricción y mayor eficiencia?
Ese es probablemente uno de los debates de fondo que abre esta reforma.
El proyecto de reforma al mercado de capitales ingresó al Congreso el 9 de septiembre de 2026 bajo el Boletín 18.643-05.
Al cierre de esta publicación continúa en tramitación legislativa, por lo que sus medidas aún no están vigentes. Esto es importante porque las propuestas pueden modificarse durante la discusión parlamentaria.
Fuentes: Ministerio de Hacienda y Cámara de Diputadas y Diputados.
Traducido desde el lenguaje regulatorio al mundo empresarial, existen varias propuestas especialmente relevantes.
Uno de los objetivos planteados es facilitar que compañías de menor tamaño puedan acceder a instrumentos del mercado de capitales que tradicionalmente han estado más asociados a grandes empresas.
La lógica es reducir barreras y generar condiciones proporcionales al tamaño y características de los emisores.
El proyecto propone la creación de un Segmento Junior de la Bolsa, orientado principalmente a empresas de innovación y crecimiento y a proyectos de exploración minera.
Este segmento contemplaría reglas proporcionales y el acompañamiento de un agente patrocinador que facilite el proceso de incorporación de las empresas al mercado.
La propuesta apunta a generar una vía intermedia entre el financiamiento tradicional y las exigencias propias de los grandes emisores del mercado.
Otra propuesta busca simplificar las reglas aplicables a determinados bonos acogidos al artículo 104 de la Ley sobre Impuesto a la Renta.
Entre los cambios propuestos está la eliminación de la retención de 4% sobre los intereses, manteniendo la tributación correspondiente para los inversionistas residentes.
La intención es facilitar el uso de estos instrumentos y reducir determinadas fricciones tributarias y operacionales.
La iniciativa también propone permitir la reinversión de recursos entre fondos sin gatillar inmediatamente el impuesto mientras esos recursos permanezcan reinvertidos.
La medida busca facilitar la movilidad del capital dentro del sistema financiero y ampliar las posibilidades de asignación de recursos hacia distintas alternativas de inversión.
Un segundo grupo de medidas apunta a actualizar la infraestructura del mercado.
Entre ellas se contemplan mecanismos para simplificar registros, digitalizar procesos y generar instrumentos que permitan reducir costos y tiempos asociados a determinadas operaciones.
Aquí aparece un elemento relevante para las empresas: ampliar las alternativas de financiamiento sirve de poco si acceder a ellas continúa siendo lento, complejo o difícil de navegar.
Probablemente este sea el aspecto más interesante de la discusión.
Una empresa no tiene una sola necesidad financiera y, por lo tanto, tampoco debería depender necesariamente de una única fuente de financiamiento.
Financiar capital de trabajo no es lo mismo que comprar maquinaria.
Financiar una factura que será pagada en 60 días no es lo mismo que financiar una inversión que generará retornos durante cinco años.
Y ninguna de esas necesidades es equivalente a incorporar capital para financiar una expansión.
Son necesidades distintas, con plazos, riesgos y estructuras financieras diferentes.
Por eso, cuando una empresa analiza alternativas de financiamiento, el problema no siempre es solamente la tasa.
También importa el calce entre el instrumento financiero y la necesidad del negocio.
Una empresa puede tener acceso a financiamiento y, aun así, utilizar una estructura inadecuada. Financiar activos de largo plazo con deuda de corto plazo, por ejemplo, puede generar presión innecesaria sobre la caja. De la misma manera, utilizar financiamiento estructural para resolver necesidades transitorias de liquidez puede resultar poco eficiente.
Un mercado financiero desarrollado, por lo tanto, no depende solamente de cuánto capital existe.
También importa cuántos caminos existen para conectar ese capital con las empresas que lo necesitan.
Pero existe una segunda dimensión.
Una empresa puede tener, en teoría, múltiples alternativas de financiamiento. Sin embargo, si cada una exige documentación distinta, procesos manuales, semanas de evaluación y poca visibilidad sobre el estado de una solicitud, el acceso efectivo a ese capital continúa siendo limitado.
Por eso la disponibilidad de financiamiento y el acceso efectivo al financiamiento son dos cosas diferentes.
Y en ese espacio la tecnología financiera está teniendo un rol cada vez más relevante.
No necesariamente reemplazando a los actores tradicionales, sino construyendo infraestructura que permita conectar empresas, información y capital de manera más eficiente.
La digitalización permite que muchas soluciones financieras que antes funcionaban como productos aislados comiencen a integrarse dentro de ecosistemas tecnológicos.
Esto es particularmente visible en industrias como el factoring, donde la digitalización permite reducir considerablemente los tiempos y fricciones asociados al financiamiento de cuentas por cobrar.
El futuro del financiamiento empresarial necesita capital. Pero también necesita infraestructura para distribuirlo.
La discusión sobre nuevas alternativas de financiamiento también ayuda a entender mejor el papel que cumplen instrumentos existentes.
El factoring, por ejemplo, resuelve una necesidad muy específica: transformar cuentas por cobrar en liquidez antes de la fecha de pago de una factura.
No reemplaza al crédito de largo plazo, al leasing ni al mercado de capitales. Cumple otra función.
Precisamente por eso, una mayor sofisticación del mercado financiero no implica necesariamente que un instrumento sustituya a otro.
Implica que las empresas puedan disponer de más alternativas y elegir mejor cuál utilizar según cada necesidad.
Para una empresa que vende a 30, 60 o 90 días, disponer de mecanismos eficientes para anticipar esos flujos puede ser tan relevante como acceder a financiamiento de largo plazo para inversiones.
La clave está en utilizar cada instrumento para el problema financiero que realmente busca resolver.
Todavía es temprano para saber cuál será el texto definitivo de la reforma.
El proyecto puede cambiar durante su discusión legislativa y varias de sus medidas podrían modificarse antes de transformarse eventualmente en ley.
Pero la iniciativa sí muestra una dirección relevante dentro del mercado financiero chileno.
La discusión ya no gira solamente en torno a cuánto financiamiento existe. También gira en torno a:
El mercado financiero chileno está avanzando hacia un escenario con más alternativas, mayor digitalización y nuevas estructuras para conectar capital y empresas.
La regulación es una parte de ese proceso. La tecnología y la infraestructura financiera son otra.
Y el desafío final es probablemente bastante simple de expresar:
Que cada empresa pueda acceder al instrumento adecuado, en el momento adecuado y con la menor fricción posible.
El proyecto contempla más de 30 medidas organizadas en cuatro grandes ejes: acceso a la vivienda y fomento del ahorro; mayor acceso a capital para empresas; actualización de normas y procesos del mercado; y fortalecimiento de Chile como centro financiero regional.
No. El proyecto ingresó al Congreso el 9 de septiembre de 2026 bajo el Boletín 18.643-05 y continúa en tramitación legislativa. Mientras el proyecto no complete su proceso legislativo y sea promulgado, las medidas propuestas no entran en vigencia.
Entre las medidas anunciadas se encuentran facilitar el acceso de empresas de menor tamaño al mercado de capitales, crear un Segmento Junior de la Bolsa, simplificar determinados instrumentos de deuda, permitir ciertas reinversiones entre fondos sin gatillar inmediatamente impuestos y modernizar registros y procesos.
La reforma busca ampliar las alternativas disponibles para que empresas de distintos tamaños puedan acceder a capital. La discusión no se limita únicamente a cuánto financiamiento existe, sino también a los instrumentos disponibles, las condiciones de acceso y la infraestructura necesaria para conectar ese capital con las necesidades empresariales.
La tecnología permite reducir fricciones asociadas a evaluación, documentación, trazabilidad y gestión de operaciones financieras. La digitalización no reemplaza necesariamente a los instrumentos tradicionales. Puede hacer que el acceso a ellos sea más rápido, transparente y eficiente.
El factoring permite anticipar el cobro de cuentas por cobrar y transformar facturas pendientes de pago en liquidez. Es principalmente una herramienta de capital de trabajo y complementa otras alternativas como créditos, leasing, deuda de largo plazo o levantamiento de capital.
El financiamiento pyme en Chile se discute como si fuera, sobre todo, un asunto de precio. Los datos oficiales muestran otra cosa: la banca no está cerrada y el crédito se está moviendo, pero las MiPymes siguen siendo rechazadas hasta cinco veces más que las grandes empresas. La brecha está menos en cuánto cuesta el crédito y más en qué tan bien calza con el ciclo real de cada negocio.
La conversación tiende a concentrarse en un solo número: la tasa. Es un reflejo comprensible. El costo del crédito es visible, comparable y fácil de convertir en titular.
Ese diagnóstico contiene una parte de verdad. Una tasa más baja alivia la carga financiera de cualquier empresa. Pero conduce a una conclusión equivocada: que la brecha se cerraría, en lo esencial, con crédito más barato.
Los datos disponibles no respaldan esa idea.
En su Informe de Estabilidad Financiera del primer semestre de 2026, el Banco Central señaló que la actividad crediticia mostró mayor dinamismo y que su evolución dependerá principalmente de factores de demanda, más que de restricciones de oferta.
La Encuesta sobre Créditos Bancarios del segundo trimestre de 2026 apunta en la misma dirección. Un 20% de los bancos reportó estándares de aprobación más favorables para las pymes y un 10% informó condiciones más exigentes. En paralelo, la proporción de bancos que percibía una demanda más débil cayó de 40% a 10%, y el aumento de solicitudes se atribuyó principalmente a mayores necesidades de capital de trabajo.
Dicho de otro modo: hay más disposición a prestar y hay más demanda, y esa demanda no viene de grandes planes de expansión, sino de la operación cotidiana. El crédito no está detenido. Y aun así, la brecha persiste.
La pregunta correcta, entonces, no es cuánto cuesta el crédito. Es por qué empresas que venden, facturan y operan de manera saludable siguen encontrando soluciones que no calzan con su ciclo de venta, cobro y crecimiento.
La Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas del Ministerio de Economía ofrece una medida concreta de esa distancia.
Fuente: Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE-7), Ministerio de Economía. Año de referencia 2022, publicada en diciembre de 2024.
Menos alternativas significa menos margen para elegir el instrumento adecuado. Y cuando solo hay una puerta, la discusión se reduce inevitablemente al precio de esa puerta.
Una empresa puede tener cuenta, productos y relación bancaria y, aun así, no contar con la herramienta correcta para cubrir un descalce de caja o financiar una oportunidad puntual.
El estudio de capacidades financieras de las micro, pequeñas y medianas empresas, elaborado por la CMF junto a CAF, mostró que el 87% de las empresas encuestadas tenía algún producto para administrar efectivo. Sin embargo, solo el 48% separaba las cuentas personales de las del negocio. El mismo estudio estimó que cerca del 12% de quienes gestionan estas empresas alcanzaba un nivel alto de capacidades financieras, muy por debajo del rango de 27% a 41% observado en países del G20.
Esto no cuestiona la viabilidad de las pymes chilenas. Muestra un problema de información. Cuando las cuentas personales y del negocio se mezclan, cuando los registros están dispersos o la historia formal es breve, una empresa real se vuelve difícil de leer para quien debe evaluarla.
Y si la evaluación se apoya únicamente en antecedentes estandarizados, quedan fuera señales que sí importan: la calidad de los clientes, el comportamiento de pago, la estacionalidad, los contratos vigentes o una factura ya emitida.
El desajuste tiene un origen operativo simple. Muchas empresas de menor tamaño pagan remuneraciones, proveedores, transporte e impuestos antes de recibir el pago de sus clientes. Venden a 30, 60 o 90 días, pero sus costos no esperan. El negocio puede ser rentable y, al mismo tiempo, quedarse sin liquidez durante semanas.
| Instrumento | Qué problema resuelve | Horizonte |
|---|---|---|
| Crédito de largo plazo | Financiar una inversión que se paga con los flujos que genera en el tiempo: maquinaria, infraestructura, expansión. | Años |
| Línea de capital de trabajo | Cubrir necesidades recurrentes y variables de la operación, con disponibilidad permanente. | Meses, renovable |
| Anticipo de factura (factoring) | Cerrar el desfase entre una venta ya realizada y su cobro. La empresa ya facturó; necesita esa caja antes del vencimiento. | Días o semanas |
Financiar una necesidad de corto plazo con una estructura diseñada para otro horizonte no solo puede salir más caro: puede tensionar justamente la operación que se buscaba proteger.
A eso se suma el contexto. Dos empresas con ventas similares pueden tener ciclos completamente distintos. El rubro, la concentración de clientes, los plazos de pago y la estacionalidad cambian la lectura del riesgo. Una plantilla que no distingue esas diferencias no está midiendo riesgo: está midiendo parecido.
“No se puede evaluar a todas las empresas de la misma forma”.
La política pública ha respondido a esta brecha principalmente ampliando recursos y garantías. Según el informe MiPymes y Emprendimiento del Ministerio de Economía, publicado en febrero de 2026, el programa FOGAPE Chile Apoya benefició a más de 179.000 empresas entre 2022 y 2024. El mismo informe recuerda la escala del segmento: más de 1,2 millones de MiPymes, equivalentes al 98,5% de las empresas del país y al 48% del empleo.
Son cifras relevantes y muestran que el problema está reconocido. Pero ampliar el capital disponible resuelve el volumen, no necesariamente el calce. Una empresa con una factura emitida a 60 días no necesita más crédito en general: necesita el instrumento que convierte esa factura en caja hoy.
Un financiamiento efectivo combina tres cosas: información ordenada, alternativas apropiadas para cada plazo y personas capaces de entender el negocio que hay detrás de los datos. La tecnología acelera la recopilación de antecedentes, mejora la trazabilidad y reduce tareas manuales, y en algunos casos ya integra el financiamiento directamente en el flujo comercial, como revisamos en “El crédito ya no se solicita. Se integra”. Pero la velocidad no reemplaza el criterio.
El factoring resuelve un problema específico: el desfase entre la venta y el cobro. Cuando la empresa ya realizó la venta y emitió la factura, el análisis puede apoyarse también en una cuenta por cobrar que ya existe, y no solo en la trayectoria de la empresa. Por eso puede ser una vía razonable para financiar capital de trabajo asociado a ventas a plazo.
Eso no lo convierte en una solución universal, y conviene decirlo con la misma claridad. Una empresa que necesita financiar maquinaria a cinco años requerirá otro instrumento. Elegir bien importa tanto como conseguir el financiamiento.
Sobre cómo esta industria dejó de ser un producto de nicho para volverse parte de la infraestructura de capital de trabajo, puedes revisar “Factoring fintech en Chile”.
La cercanía no reemplaza los procesos de riesgo. Los fortalece cuando aporta información pertinente, conoce al cliente y permite anticipar señales que una revisión aislada podría no mostrar. Como resume Paulina Muñoz, “la información, si no se comparte, no sirve de nada”.
Ese es el espacio donde los modelos descentralizados de distribución financiera pueden aportar: un profesional con experiencia mantiene su cartera y la relación con sus clientes, mientras una estructura central entrega capital, tecnología, análisis de riesgo, cumplimiento normativo y soporte operativo. En Billcapital, ese rol es el del microempresario financiero, o MIC.
No se trata de aprobar todo. Se trata de evaluar con más información y usar el instrumento correcto. Una empresa viable no debería quedar fuera solo por no calzar en una plantilla diseñada para otro tipo de negocio.
La tasa seguirá importando. También la estabilidad macroeconómica, la regulación, las garantías y la disponibilidad de capital. Pero si la oferta de crédito no es hoy la restricción principal, insistir solo en el precio deja intacto el problema de fondo: la distancia entre una necesidad concreta y el instrumento que se usa para cubrirla.
Cerrar esa distancia exige transformar información dispersa en decisiones útiles y conectar cada necesidad con una estructura apropiada. El futuro del financiamiento empresarial no será exclusivamente bancario ni exclusivamente fintech. Será más integrado, más trazable y capaz de combinar tecnología con criterio humano, una discusión que también aparece en la mirada internacional que trajimos de Madrid Fintech Week.
Cuando el sistema entiende mejor a la empresa, el financiamiento deja de ser una respuesta genérica y pasa a ser una herramienta para sostener la operación y acompañar el crecimiento. Y eso no es un beneficio para las pymes: es una condición para que la economía que ellas sostienen pueda crecer.
¿Por qué el financiamiento pyme no se resuelve solo bajando la tasa?
Porque la restricción principal hoy no es el precio ni la disponibilidad de crédito, sino el calce. Las empresas de menor tamaño enfrentan hasta cinco veces más rechazos que las grandes, disponen de menos fuentes de financiamiento y muchas veces acceden a instrumentos que no corresponden al plazo de su necesidad. Cerrar la brecha exige mejor información, más alternativas y evaluaciones que consideren el ciclo real del negocio.
Porque rentabilidad y liquidez no son lo mismo. Una empresa puede vender bien y, al mismo tiempo, necesitar capital de trabajo para cubrir el período entre el pago de sus costos y el cobro a sus clientes.
Más que comparar solo tasas, conviene revisar el costo total, los plazos, las garantías exigidas, la velocidad de respuesta y qué tan bien se ajusta la solución al ciclo financiero del negocio.
Cuando la empresa ya realizó una venta a plazo, emitió la factura y necesita anticipar ese cobro para sostener su operación. No es la vía adecuada para financiar inversiones de largo plazo, como maquinaria o infraestructura. Puedes revisar el detalle en “Factoring fintech en Chile”.
Influyen su información financiera, el flujo de caja, el comportamiento de pago, la calidad y concentración de sus clientes, la antigüedad de la empresa y las características de cada operación. Una evaluación adecuada considera el negocio en su conjunto, no una sola variable.
Sí. Según la Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas del Ministerio de Economía, entre quienes solicitaron crédito el rechazo alcanzó al 15% de las MiPymes y al 3% de las grandes empresas. Además, las micro y pequeñas empresas utilizan menos fuentes de financiamiento que las de mayor tamaño.
La mayoría de las pymes chilenas opera con múltiples proveedores financieros que no se coordinan entre sí. El resultado suele ser una estructura de deuda fragmentada, ineficiente y sin una visión financiera de largo plazo. Ese es el problema que Billcapital decidió abordar desde su fundación en 2023, de la mano de Christopher Lathrop, Paulina Muñoz, Rodrigo Gazitúa y Hernán Gazitúa: no salir al mercado con un producto más, sino construir una arquitectura financiera multiproducto capaz de organizar, integrar y optimizar la estructura de financiamiento de una pyme desde una sola plataforma.
Tres años después, los resultados comienzan a validar con fuerza ese modelo. La compañía acumula ingresos por US $7,3 millones en 2 años y pocos meses de operación. Además, ha financiado más de US $160 millones, atendido a más de 1.500 empresas y consolidado una red de más de 160 ejecutivos financieros independientes que operan bajo sus estándares tecnológicos e institucionales.
El modelo de Billcapital fue concebido por Rodrigo Gazitúa tras identificar una falla estructural en la manera en que las pymes se relacionan con el sistema financiero: múltiples proveedores operando sin coordinación, decisiones fragmentadas y la ausencia de una mirada integrada de largo plazo. Bajo ese diagnóstico, concluyó que el problema no podía resolverse replicando esquemas tradicionales. Así nació el concepto de los MICs, ejecutivos financieros independientes que operan bajo un estándar común, como una forma de combinar especialización comercial con una plataforma centralizada. El resultado es un modelo diseñado para escalar con consistencia, manteniendo control institucional sin perder cercanía con el cliente.
El valor de Billcapital no radica solo en su tecnología, sino en la forma en que reorganiza la operación financiera de las pymes. A través de su red de MICs, responsables de la originación y de la gestión comercial, la compañía descentraliza la relación con el cliente mientras centraliza en su plataforma las funciones críticas: evaluación de riesgo, estructuración, provisión de capital, administración posterior y cobranza. Este diseño le permite combinar capilaridad comercial con estándares homogéneos de ejecución, generando una propuesta difícil de replicar en el mercado.
La inversión tecnológica de la compañía supera los US $3 millones e incorpora una aplicación móvil para iOS y Android, que permite a sus ejecutivos operar con lógica institucional desde cualquier lugar.
“La metáfora que usamos internamente es la de un chasis invisible: potente, pero que no compite con quienes trabajan sobre él”, señala, Christopher Lathrop, socio y CEO de la compañía.
Los 160 MICs activos representan aproximadamente el 14% del mercado de ejecutivos financieros independientes en Chile. La proyección de la compañía es alcanzar una participación cercana al 50% en un horizonte de tres a cuatro años. “En los próximos dos años buscamos acceder a más del 50% de los ejecutivos comerciales de la industria”, afirmó el CEO.
Billcapital reforzó recientemente su estructura de liderazgo con la incorporación de Carlos Baudrand como socio y director regional, sumando a un ejecutivo con amplia trayectoria en la industria financiera. Su llegada fortalece la capacidad de articulación de la compañía con el sistema bancario e institucional, a nivel nacional e internacional, un factor que Billcapital considera clave para su siguiente etapa de crecimiento.
De esta forma, la primera línea de la compañía quedó integrada por Rodrigo Gazitúa como socio y presidente ejecutivo, Christopher Lathrop como socio y CEO, y Carlos Baudrand como socio y director regional.
En paralelo, Billcapital avanza en su proceso de inscripción ante la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) como intermediario de instrumentos financieros bajo la Ley Fintech.
“Lo vemos como una condición natural de madurez. En un ecosistema en plena evolución regulatoria, la supervisión formal es una declaración concreta de los estándares con los que operamos”, explicó Lathrop.
La expansión regional de Billcapital entró en fase de ejecución. La estructura legal y regulatoria en Colombia ya está constituida, y el inicio de operaciones está proyectado para el primer semestre de 2026. Perú aparece como el siguiente mercado dentro del plan de crecimiento regional.
“Colombia tiene dolores estructuralmente similares a los que resolvemos en Chile. Llegamos con un modelo validado y tecnología propia, no en fase experimental”, precisó Lathrop.
A 12 meses del inicio de operaciones en cada mercado, la compañía proyecta alcanzar un stock de colocaciones cercano a US $10 millones.
Actualmente, Billcapital ofrece factoring, confirming y financiamiento de capital de trabajo. La incorporación de leasing se concretará próximamente, en línea con su objetivo de responder de manera cada vez más completa a las necesidades financieras del segmento pyme, más allá del financiamiento de facturas.
El factoring fintech en Chile dejó de ser una alternativa marginal. Hoy es una pieza estructural del financiamiento pyme.
Según datos publicados por Diario Financiero, el negocio de factoring fintech financió a más de 250 mil entidades en los últimos dos años, consolidando su rol como canal relevante de capital de trabajo para empresas.
Fuente: Diario Financiero
Este crecimiento no es una tendencia pasajera. Es una transformación en la arquitectura del crédito empresarial.
Entidades financiadas
De consolidación acelerada
Digital, sin sucursales
El factoring fintech crece porque ofrece liquidez rápida, riesgo distribuido y procesos digitales más ágiles que la banca tradicional.
Mientras las colocaciones bancarias se contraen, el crédito no bancario mantiene dinamismo, según reportó La Tercera — Pulso.
Fuente: La Tercera
La infraestructura financiera digital significa que el financiamiento ya no es un producto que se solicita, sino una herramienta integrada en el ciclo operativo de las empresas. Esto redefine el mercado del lending alternativo en Chile.
“El factoring fintech no compite con la banca. Rediseña la infraestructura del capital de trabajo.”
¿Cómo beneficia a un MIC?
Beneficia porque aumenta la demanda estructural de financiamiento pyme y valida modelos comerciales descentralizados. Cuando la banca reduce exposición, el operador eficiente gana relevancia.
Mayor necesidad de originación especializada en el segmento pyme desatendido por la banca
Rol clave en evaluación preliminar de riesgo como filtro en la cadena de valor del crédito
Capacidad de capturar margen en ciclos restrictivos donde la banca retira financiamiento
Independencia comercial con respaldo estructural de plataformas tecnológicas de lending alternativo
¿Por qué es atractivo?
Porque combina alta rotación de capital, riesgo distribuido y demanda constante de liquidez empresarial.
Además, el capital global está observando el lending alternativo en Latinoamérica.
Ejemplo reciente: inversión de Ant Group (respaldada por Jack Ma) en fintech regional de crédito en Latinoamérica.
Fuente: Bloomberg
| Dimensión | Banca Tradicional | Factoring Fintech |
| Gestión del riesgo | Centralizado en la institución financiera | Distribuido en portafolios de facturas |
| Velocidad del proceso | Días a semanas | Horas mediante evaluación digital |
| Estructura de costos | Fija y elevada | Variable y escalable |
| Modelo comercial | Centralizado geográficamente | Red comercial descentralizada |
| Acceso del cliente | Sucursal o gestor | Plataforma digital 24/7 |
| Capital de trabajo pyme | Criterios restrictivos de acceso | Mayor agilidad operativa |
El crecimiento del factoring fintech en Chile confirma una transformación estructural del crédito empresarial.
No es solo una industria creciendo. Es una arquitectura nueva de financiamiento.
Validación y oportunidad. El operador que comprende el diseño sistémico captura el margen que la banca abandona.
Eficiencia y escalabilidad. Activo de alta rotación con demanda estructural en el segmento más dinámico de Latam.
El Banco Internacional de Pagos (BIS) ha señalado que la tokenización de activos financieros puede transformar la estructura de mercado, mejorando eficiencia, liquidez y trazabilidad.
Fuente: BIS
El World Economic Forum también ha identificado la tokenización como uno de los principales motores de transformación de los mercados de capital en la próxima década.
Fuente: World Economic Forum
Es el proceso de representar digitalmente un activo real, como una factura o derecho de cobro, en una estructura tecnológica que permite su transferencia, fraccionamiento y trazabilidad eficiente. No se trata de especulación. Se trata de infraestructura.
La distinción es crítica: la tokenización financiera opera dentro del sistema regulado. No fuera de él.
El factoring digital transformó el proceso operativo. La tokenización transforma la arquitectura del activo.
El BIS ha señalado que la tokenización puede reducir fricción en la liquidación y mejorar eficiencia operativa en mercados financieros, sin requerir cambios en la lógica de negocio subyacente.
Chile avanzó con la Ley Fintech y regulación de servicios financieros digitales bajo supervisión de la CMF. La digitalización regulada crea condiciones para que activos financieros evolucionen hacia formatos más estructurados.
Ley Fintech · Vigente
Regulación de proveedores de servicios financieros digitales.
Supervisión CMF · Activa
Marco legal para activos financieros digitales regulados.
Fuente: CMF
El MIC tradicional gestiona facturas. En un entorno tokenizado, gestiona activos estructurados.
Para el capital sofisticado, la tokenización modifica variables fundamentales de evaluación:
Transparencia
Granular: Visibilidad activo por activo
Fraccionamiento
Eficiente: Exposición calibrada
Diversificación
Mejorada: Distribución de riesgo
Eficiente
Fraccionamiento
Eficiente: Liquidación optimizada
El World Economic Forum proyecta que la tokenización puede desbloquear billones en activos ilíquidos en la próxima década.
Eso no es narrativa fintech. Es arquitectura financiera global
¿Elimina el factoring? → No. Lo transforma desde adentro.
¿Cambia el modelo de negocio? → Sí. La estructura del activo evoluciona.
¿Ventaja competitiva? → Ya no será solo velocidad. Será diseño estructural.
Cuando un activo financiero se vuelve programable:
La liquidez deja de ser evento. Se convierte en flujo continuo.
volución profesional hacia rol de estructurador de activos con mayor sofisticación operativa.
Eficiencia, transparencia y arquitectura escalable con acceso a activos antes más ilíquidos.